Hola, CocineraPractica. Es un problema muy habitual cuando se empieza a cocinar con mijo, así que no te preocupes, tiene fácil solución.
El sabor amargo del mijo se debe principalmente a dos factores: por un lado, a las saponinas naturales que recubren el grano como protección exterior; por otro, a que sus grasas naturales se oxidan con rapidez si el paquete lleva un tiempo abierto o almacenado.
Para eliminar ese regusto de raíz y dejar un sabor suave y neutro, te recomiendo seguir este método rápido antes de hervirlo:
1. Lavado enérgico con agua caliente: Coloca la cantidad de mijo que vayas a usar en un colador de malla fina. Lávalo bajo el grifo con agua tibia o caliente mientras frotas los granos con las manos durante uno o dos minutos. Verás que al principio el agua sale algo turbia o con ligera espuma; debes continuar hasta que salga totalmente transparente.
2. Tostado previo en seco: Escurre bien el colador y pon una cazuela o sartén a fuego medio sin nada de aceite. Vierte el mijo húmedo y remueve constantemente con una cuchara de madera durante unos 2 o 3 minutos. Con esto evaporarás el exceso de agua y los aceites superficiales se tostarán ligeramente, aportando un aroma similar al de la nuez y neutralizando el amargor.
3. Cocción estándar: Añade a la misma cazuela 2,5 partes de agua hirviendo o caldo por cada parte de mijo y una pizca de sal. Tapa, baja el fuego al mínimo y cocina durante 18-20 minutos sin destapar. Al terminar, apaga el fuego y déjalo reposar tapado 5 minutos antes de soltar los granos con un tenedor.
Siguiendo estos pasos no te llevará más de cinco minutos adicionales y conseguirás un grano limpio, esponjoso y perfecto para combinar con verduras, legumbres o proteínas.