¡Hola! Es un cambio muy común y comprensible cuando pasamos de la repostería tradicional en moldes grandes a las porciones individuales, pero no te preocupes, la adaptación es bastante sencilla.
Como regla general en repostería, al reducir el volumen de masa por molde, el calor penetra mucho más rápido al centro. La norma habitual consiste en mantener la misma temperatura que pide tu receta original (generalmente entre 175 °C y 180 °C) y reducir el tiempo de cocción aproximadamente a la mitad.
Si tu bizcocho entero tardaba entre 40 y 50 minutos, en moldes para muffins estándar estará listo en unos 18 a 22 minutos.
Te recomiendo tener en cuenta estas pautas para asegurar un resultado perfecto:
1. Llena cada cavidad solo hasta dos tercios o tres cuartos de su capacidad para evitar que la masa se desborde al crecer.
2. Empieza a vigilar el horno a partir del minuto 15 a través del cristal, sin abrir la puerta para no generar pérdidas bruscas de calor.
3. Hacia el minuto 18, realiza la prueba del palillo introduciéndolo en el centro de uno de los muffins centrales. Si sale limpio o con migas secas, ya puedes retirarlos.
4. Déjalos reposar unos 5 minutos en el molde fuera del horno y luego trasládalos a una rejilla para que se enfríen por completo y la base no se humedezca.
Con esta sencilla referencia de tiempo y controlando los últimos minutos, te saldrán esponjosos y perfectamente cocidos.