Estimado Ramón, es un placer saludarte. La búsqueda de esa textura perfecta y cremosa que lograban nuestros mayores es fascinante, ya que detrás de esa aparente sencillez hay una ciencia culinaria muy precisa.
Para conseguir una cocción impecable sin romper el hollejo o piel exterior y lograr que el almidón interior se gelatinice de manera uniforme, debemos controlar tres factores fundamentales: hidratación previa, proporción de líquido y temperatura.
En primer lugar, el remojo es indispensable. Debes hidratar los garbanzos secos entre 10 y 12 horas en abundante agua templada con una pizca de sal (aproximadamente un 1% de sal respecto al peso del agua). La sal ayuda a debilitar los enlaces de pectina de la piel, haciéndola más permeable y elástica para que no estalle durante la cocción.
En cuanto a la proporción de agua, para 100 gramos de garbanzo seco la cantidad ideal depende del método de cocción. Si utilizas una cazuela tradicional abierta, la proporción recomendada es de 400 a 500 ml de agua por cada 100 g de grano seco (una proporción de 4:1 o 5:1), ya que habrá evaporación constante y la legumbre debe permanecer totalmente sumergida en todo momento. Si utilizas una olla a presión rápida, bastará con 300 ml de agua por cada 100 g de garbanzo seco (proporción 3:1), pues apenas hay pérdida de vapor.
Respecto a los tiempos de cocción:
Si cocinas en olla tradicional: El tiempo suele oscilar entre 1 hora y media y 2 horas y media. El truco indispensable con el garbanzo es introducirlo siempre cuando el agua ya esté hirviendo, nunca en agua fría, ya que de lo contrario se encalla. Una vez que rompe a hervir de nuevo, baja el fuego al mínimo para mantener un hervor muy suave y constante. El movimiento violento del agua es el principal causante de que los granos choquen y la piel se rompa.
Si cocinas en olla a presión rápida: El tiempo se reduce a entre 20 y 30 minutos desde que la válvula alcanza la presión máxima, dejando que la despresurización ocurra de manera natural y progresiva para evitar cambios bruscos de presión interna en el grano.
Un último detalle técnico a tener en cuenta es la dureza del agua. Si el agua de tu zona tiene mucha cal o magnesio, estos minerales interactúan con la pectina e impiden que el garbanzo quede tierno; en ese caso, utilizar agua mineral o filtrada marcará una enorme diferencia.
Espero que estos detalles te sirvan para recrear fielmente aquel puchero tan entrañable de tu padre. Quedo a tu disposición por si te surge cualquier otra duda en el proceso.