¡Hola, Isa_Granada! ¡Ay, hija, si te entiendo perfectamente! A mí me pasaba lo mismo cuando intentaba hacer el hígado de cerdo, era un drama cada vez. Parecía un partido de fútbol en el que siempre perdía el mismo equipo: ¡yo! O se me quemaba por fuera y crudo por dentro, o directamente parecía que estaba masticando un cartón. ¡Y mi marido, que es muy de la Real, ya me miraba con cara de pocos amigos cuando veía el resultado! jajajaja.
Pero mira, después de muchos intentos y frustraciones, he encontrado la clave que me funciona SIEMPRE. ¡Toma nota, que esto es oro! La preparación es fundamental: tienes que asegurarte de que el hígado esté bien seco antes de meterlo en la sartén, sécalo con papel de cocina. Y un truco que aprendí es pasarlo por muy poquita harina, apenas una capa finísima, que no parezca que está rebozado, ¿sabes? Solo para que haga una costra ligera.
Ahora viene lo importante, ¡el tiempo! Calienta muy bien la sartén con aceite de oliva, a fuego medio-alto, que esté bien caliente pero sin humear excesivamente. Cuando el aceite esté listo, pon los filetes de hígado (no pongas muchos a la vez para que no baje la temperatura de la sartén). Para que quede perfecto, tierno por dentro y doradito por fuera, vas a freírlo durante **2 minutos por cada lado**. ¡Ni un segundo más, ni un segundo menos! Es un total de 4 minutos de cocción. Si los filetes son un poco más gordos, como de un centímetro de grosor, puedes apurar a 2 minutos y medio por lado, pero no te pases de ahí. Retíralos enseguida y un poquito de sal en escamas por encima. ¡Verás qué maravilla! Ya me contarás qué tal te sale. ¡Un abrazo!