Hola. No te preocupes, no es un fallo total en absoluto. De hecho, hervir o cocer es uno de los pocos métodos seguros y recomendados para cocinar pollo directamente desde el congelador, ya que el agua transmite el calor de manera uniforme y evita que queden zonas crudas peligrosas si se hace con calma.
Para que te quede lo mejor posible y no se reseque en exceso, te recomiendo seguir unos sencillos pasos. Primero, pon la pechuga en una olla y cúbrela por completo con agua fría o caldo. Es importante no meterla con el agua ya hirviendo a borbotones para que el cambio térmico no endurezca demasiado la parte exterior mientras el interior sigue congelado.
Lleva la olla a ebullición a fuego medio y, en cuanto empiece a hervir, baja el fuego al mínimo para mantener un hervor suave. Añade un poco de sal, una hoja de laurel, un diente de ajo o las especias que tengas a mano para aportarle sabor. Tardará aproximadamente un 50 por ciento más de tiempo que una pechuga fresca, lo que suele traducirse en unos 20 a 25 minutos dependiendo del grosor de la pieza.
El punto más importante es la seguridad: asegúrate de que el centro alcance al menos 74 grados si tienes termómetro de cocina, o córtala por la parte más gruesa para verificar que no queden zonas rosadas ni jugos turbios. Si la vas a desmenuzar para tacos, ensaladas o sándwiches, te quedará perfecta.