Hola, MiCazuela. Puedes estar totalmente tranquila: a menos que la sartén tenga una grieta estructural profunda o el fondo esté perforado, el hierro fundido se recupera al cien por cien. El óxido es simplemente una reacción superficial y no inutiliza la pieza.
Como aficionado a los utensilios de cocina, te explico el procedimiento paso a paso para dejarla perfecta y segura:
1. Retirar el óxido: Prepara un barreño con una mezcla a partes iguales de agua y vinagre blanco común. Sumerge la sartén durante unos 30 o 45 minutos. El ácido acético ablandará el óxido. Es importante no dejarla muchas horas para no debilitar el metal sano. Al sacarla, frota enérgicamente con un estropajo de lana de acero o estropajo metálico y un poco de jabón suave hasta que desaparezca todo el rastro anaranjado y veas el hierro desnudo de color grisáceo.
2. Secado inmediato: Enjuaga con agua fría y seca la pieza inmediatamente con un paño. Después, colócala dos minutos sobre el fuego a potencia baja para asegurarte de que se evapore hasta la última gota de humedad, ya que el hierro desnudo se oxida al aire en pocos minutos.
3. Aplicación de la grasa: Con la sartén templada, extiende una capa muy fina de aceite vegetal con alto punto de humo (como aceite de girasol, colza o canola) por toda la superficie, incluyendo el mango y la base exterior. A continuación, pasa un papel de cocina limpio para retirar todo el exceso posible; la sartén debe quedar con un brillo tenue, casi seca, para evitar que el aceite cree charcos pegajosos.
4. Polimerización en el horno: Coloca la sartén boca abajo en el horno precalentado a 220 o 230 grados centígrados durante 60 minutos (puedes poner papel de aluminio en la bandeja inferior por si gotea algo). Pasado ese tiempo, apaga el horno y deja que la sartén se enfríe totalmente en su interior.
Si repites los pasos de engrasado y horneado dos o tres veces seguidas, obtendrás una capa antiadherente natural excelente. Es una joya de sartén que os durará toda la vida.