Buenas tardes, abuelo_castellano75. Entiendo perfectamente su duda, ya que al ser piezas de acero uno tiende a pensar que son indestructibles y cuando se cocina en cantidad fregar todo a mano da pereza. Sin embargo, como aficionado a la cuchillería y a los electrodomésticos, le explico con calma y al detalle lo que ocurre dentro de la máquina.
El primer problema es metalúrgico y químico. Los cuchillos buenos suelen fabricarse con aceros de alto contenido en carbono para lograr un corte excepcional, o con aceros inoxidables templados a gran dureza. Las pastillas de lavavajillas no son un jabón común, sino detergentes muy alcalinos con sales y agentes abrasivos. Con el agua a 65 o 70 grados y un ciclo largo, estos químicos atacan la superficie del acero provocando microcorrosión por picaduras, oxidando incluso aceros etiquetados como inoxidables.
El segundo factor es el filo a nivel microscópico. El filo de un buen cuchillo tiene un grosor de pocas micras. La presión de los aspersores y las vibraciones hacen que el filo choque contra la cesta o contra otros cubiertos. Además, si la hoja entra en contacto con tenedores o cucharas de aleaciones distintas en presencia de agua y sales, se produce corrosión galvánica, un proceso electroquímico que corroe de forma invisible la punta del filo y lo deja completamente desafilado en muy pocos lavados.
Por último, la fase de secado crea un ambiente de calor y humedad retenida durante horas que dilata los materiales y deteriora las juntas, los remaches y los mangos, generando holguras donde luego proliferan bacterias.
Por eso, aunque dé algo de pereza, lo mejor es pasar el cuchillo bueno bajo el grifo con una esponja suave y una gota de lavavajillas justo al terminar de cortar, secarlo de inmediato con un trapo y guardarlo. Son diez segundos y le durará afilado toda la vida.