Hola. Entiendo perfectamente tu intención de optimizar el gasto energético del hogar, pero desde el punto de vista del funcionamiento de los electrodomésticos y de la seguridad alimentaria, no es una práctica aconsejable ni realmente eficiente.
En primer lugar, debemos considerar la estructura del huevo. Su cáscara no es una superficie hermética, sino que contiene miles de poros microscópicos. Durante el ciclo de lavado, el agua caliente a presión circula mezclada con detergente, abrillantador y residuos de comida. Estos compuestos químicos penetran con gran facilidad a través de los poros hacia la clara y la yema, convirtiendo el alimento en un producto tóxico y peligroso para la salud.
En segundo lugar, los programas habituales de un lavavajillas suelen oscilar entre los 50 y los 65 grados centígrados. Esta temperatura no garantiza una cocción uniforme ni segura, incrementando además el riesgo de proliferación bacteriana en caso de que el calor no sea suficiente y constante durante todo el proceso.
Por último, en lo relativo al ahorro económico, cocer un huevo en un cazo pequeño con tapa y poca agua consume una cantidad ínfima de energía, apenas unos céntimos de euro. El riesgo de intoxicación química no compensa en absoluto esa diferencia. Te recomiendo reservar el lavavajillas exclusivamente para su función de limpieza y utilizar métodos convencionales de cocina.