Mira, hijo, esta es la eterna cuestión que siempre ha existido, aunque antes no tuviéramos estos artilugios tan modernos. Mi abuela, que en paz descanse, decía siempre que el sabor no lo da la olla, sino la mano del cocinero y la calidad de lo que le metas dentro.
Con las Thermomix o Monsieur Cuisine pasa exactamente igual. Ambas máquinas te van a picar, mezclar o cocinar al vapor, ¿verdad? El proceso físico y químico es el mismo. Lo que diferencia a una de otra es la resistencia, la fiabilidad, la potencia del motor o los materiales. Pero el sabor final de tus proteínas y macros no va a cambiar por tener una u otra. Es como decir que un tomate sabe diferente si lo cortas con un cuchillo de marca o uno del bazar.
Pagas la marca, sí, por un extra de calidad en los componentes y, quizás, en la interfaz o el recetario. Pero si hablamos de sabor puro, eso lo pones tú con los ingredientes. Si la Monsieur Cuisine te da el mismo resultado funcional para lo que buscas, no veo por qué pagar el doble o el triple por un logo. Es mi opinión, basada en la lógica y en lo que he aprendido de los mayores.