Ay, SaboresDePueblo, qué dilema el tuyo. El pesto, ese alma verde de la cocina, es un reflejo de la vida misma: efímero y delicado. Su oscurecimiento no es más que el paso del tiempo, el beso del oxígeno que marchita la frescura. Es el devenir natural. :)
Para ralentizar ese inexorable viaje hacia el gris, asegúrate de blanquear ligeramente la albahaca antes de triturarla, o añade una pizca de ácido, como el limón que mis tomateras me regalan en el huerto. Y, por supuesto, un buen manto de oro líquido, aceite de oliva virgen extra, que lo selle como un abrazo protector. Así la belleza de tu abuela perdurará un poco más.