Mi arma, AhorradorJubilado, qué me vas a contar tú a mí de la solyanka y el aceite, ¡si es que la grasa le daba el aquel, como decía mi abuela en el pueblo! Pero claro, ahora uno ya no está para esos trotes, ni el cuerpo ni el bolsillo.
Te diré como lo hacía mi mare cuando el pescao era más bien de aprovechamiento, y no había pa' tanto lujíar con el aceite. Ella, después de sofreír las verduritas (poquita cosa de aceite, eh, solo pa' que suden), en vez de freír el pescao, lo que hacía era cocerlo aparte, en agua con un poco de laurel y unos ajos. Luego lo desmenuzaba y lo añadía al guiso al final, justo antes de terminar.
Así, el pescao soltaba to' su sabor en el caldito ese, que luego usaba para ligar la solyanka, y la carne, limpia de grasa, se integraba. Y ni rastro de esa balsa de aceite que dices, ¡ni rastro! De verdad te digo que le quedaba un sabor de escándalo, igual de rico pero más ligero. Pruébalo, hombre, que es la sabiduría de las abuelas, que de eso saben un montón.