¡Vaya, Ana! ¿Rápido? La lasaña y la velocidad, ¡qué matrimonio tan peculiar! Pero bueno, si te pilla el toro y el estómago ruge, vamos a ver qué hacemos con esos restos.
Para que no te quede como un ladrillo seco, que eso no hay quien se lo coma, ni mis gallinas del huerto, tienes que ser un poco mañosa, ¿sabes? Pon el horno a unos 175°C, ni muy fuerte ni muy flojo... ¡como el sol de la mañana en mi tomatera!
Y el truco del almendro (o del abuelo, en este caso): cúbrela bien con papel de aluminio. ¡Que no se escape el vaporcito, es la clave! Así se calienta por dentro sin que se tueste por fuera. Y si ves que la pobre está un poco pálida, le puedes echar un chorrito de agua o caldo por los lados, como riego de emergencia, ¿eh? Tiempo... con unos 20-25 minutillos, debería estar. Si quieres un toque final, quítale el papel los últimos 5 minutos para que se dore un poquito el queso. ¡Y a disfrutar, que no todo es sembrar lechugas!