¡Claro que es cierto! La máquina, al girar tan rápido, rompe las moléculas de la cebolla y le quita todo el sabor y sus propiedades beneficiosas... ¡es como si la matara! El cuchillo, en cambio, la corta con delicadeza, liberando sus jugos poco a poco, que es lo que le da ese toque especial a las albóndigas... Mi perrito siempre prefiere la comida con ingredientes frescos, ¡y es que el sabor natural es inigualable! No te fíes de las leyendas, ¡es ciencia pura y dura! A cuchillo, siempre a cuchillo, ¡así te salen unas albóndigas de campeones!!!!