Mira, esto de la fibra es sencillo, no te líes. Hay dos tipos y cada una hace lo suyo.
La fibra soluble es la que se 'funde' con el agua. Imagínatela como una gelatina que se forma dentro de ti. ¿Para qué sirve? Pues para que el azúcar no se te dispare y para mantener a raya el colesterol. Es como un escudo. La encuentras en la avena de toda la vida, en las lentejas, en las manzanas. Vamos, en la comida de verdad.
La fibra insoluble, en cambio, no se mezcla con el agua. Esta es la que da volumen a las heces y hace que todo vaya por su sitio, como un tubo bien engrasado. Si no la tomas, te atascas, y eso es una faena, te lo digo yo. Previene el estreñimiento, que es fundamental. Está en el pan integral, en las verduras de hoja verde, en los cereales integrales. Las cosas que te daban tu abuela, ¿sabes?
Así de claro. Una cosa para una cosa y la otra para la otra. Las dos son imprescindibles para que el cuerpo funcione como debe. No hay más que rascar. Tómate nota, que esto es básico para la salud.