Hola, Clara. Es una excelente consulta culinaria, ya que al enfriarse, el arroz pasa por un proceso de retrogradación del almidón que le hace perder humedad y volverse duro o quebradizo.
Los mejores métodos son aquellos que devuelven la humedad al grano mediante vapor:
1. En sartén a fuego bajo: Es el método más equilibrado. Pon el arroz en una sartén con dos cucharadas de agua o caldo por porción, o una nuez pequeña de mantequilla. Tapa bien la sartén para concentrar el vapor y calienta a fuego suave durante tres o cuatro minutos. Remueve suavemente con una cuchara de madera para no romper el grano.
2. En microondas con humedad controlada: Si necesitas rapidez, coloca el arroz en un bol y cúbrelo con una servilleta de papel de cocina ligeramente humedecida, o pon un cubito de hielo encima del arroz antes de tapar con un plato apto. El hielo generará vapor sin derretirse por completo de inmediato. Calienta a potencia media durante un minuto y medio o dos minutos.
3. Salteado o arroz frito: Si el grano está bastante seco, la mejor opción es transformarlo. Saltearlo en un wok o sartén amplia con un hilo de aceite a fuego vivo le devuelve una textura suelta y muy agradable.
Los peores métodos que conviene evitar:
1. Horno convencional destapado: El calor seco deshidrata el grano de inmediato y lo convierte en pequeñas piedras incomibles.
2. Microondas a máxima potencia y al descubierto: Evapora la poca agua residual que le queda al arroz, dejando los bordes gomosos y el centro tibio.
3. Hervirlo de nuevo en abundante agua: El grano ya cocinado absorbe agua en exceso, se abre y se convierte en una masa pastosa y sin textura.
Como apunte de seguridad alimentaria, asegúrate de que el arroz alcance una temperatura bien caliente en todo el plato al recalentarlo para evitar cualquier problema bacteriano.