Hola, Carlos. Comprendo perfectamente tu duda, sobre todo cuando ya tenías planificado el tiempo para adelantar los tuppers de la semana, pero te recomiendo con total sinceridad que no intentes quitarle el olor ni consumirlo.
En términos de seguridad alimentaria, no existe ningún método seguro para recuperar un pollo que ha empezado a oler raro. A menudo circulan recomendaciones populares como lavarlo con vinagre, frotarlo con limón o dejarlo en remojo con agua y sal. Sin embargo, estos métodos únicamente enmascaran el olor superficial y no eliminan las bacterias ni las toxinas que estas hayan podido generar durante su proliferación. Además, lavar carne cruda bajo el grifo es una práctica desaconsejada, ya que las salpicaduras propagan patógenos por la encimera y los utensilios cercanos.
El aroma alterado, agrio o ligeramente rancio es el indicador principal de descomposición. Aunque la textura o el color todavía no parezcan completamente deteriorados y pienses que una cocción prolongada bastará, muchas toxinas bacterianas son resistentes al calor y pueden provocarte una intoxicación gastrointestinal importante.
En la cocina, la regla de oro siempre es que ante la más mínima duda es preferible desechar el producto. Como sugerencia de organización para la próxima vez, si no vas a preparar el pollo en las 24 o 48 horas posteriores a la compra, lo más práctico y seguro es congelarlo inmediatamente en porciones bien tapadas.