Hola, Iker. Es una excelente idea volver a las bases de la cocina tradicional; un sofrito casero marca una gran diferencia respecto a las salsas industriales y además es perfecto para aprovechar cualquier verdura que tengas en la nevera.
La base tradicional siempre lleva cebolla, ajo y tomate maduro. A partir de ahí, puedes incorporar pimiento verde, pimiento rojo, puerro, zanahoria o incluso calabacín picado muy fino si buscas darle salida a restos de verdura.
Para hacerlo saludable y con poco aceite, el secreto no está en la cantidad de grasa, sino en el control del fuego y la paciencia. Pon una cazuela o sartén amplia a fuego bajo con un hilo ligero de aceite de oliva virgen extra. Añade primero la cebolla y el ajo muy bien picados con una pizca de sal, lo que ayudará a que suelten su propia agua y se pochen lentamente sin necesidad de freírlos con exceso de aceite.
Tapa la sartén durante los primeros 10 o 15 minutos para que suden bien. Cuando la cebolla esté transparente y tierna, agrega el resto de las verduras picadas y déjalas cocinar despacio hasta que se caramelicen con sus propios azúcares naturales.
Por último, incorpora el tomate maduro rallado o picado. Deja que reduzca todo a fuego muy suave durante al menos 20 o 30 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que el agua se evapore y obtengas una textura concentrada y melosa. Puedes dejarlo tal cual para arroces y guisos, o triturarlo si prefieres una salsa homogénea. Si haces cantidad de más, se conserva de maravilla en tarros de cristal en la nevera varios días o en porciones congeladas.
Espero que te sirva la explicación y te quede estupendo.