Hola, Alberto. Es una duda muy frecuente y haces muy bien en ser precavido antes de consumir cualquier alimento, especialmente la carne de ave.
El mal olor al descongelar el pollo suele deberse a dos causas principales: la concentración de gases dentro del empaque o el inicio de una degradación bacteriana.
Cuando el pollo se congela envasado al vacío o muy ajustado en su bandeja plástica, los compuestos volátiles que despide la carne de forma natural quedan atrapados. Al descongelarlo lentamente en la nevera y abrir la bolsa, esos gases acumulados se liberan de golpe, generando un olor concentrado, sulfuroso o a encerrado que resulta desagradable.
Para verificar si es simplemente este gas atrapado, te sugiero retirar el pollo de su empaque, secarlo ligeramente con papel absorbente y dejarlo reposar al aire durante 10 o 15 minutos. Si transcurrido ese tiempo el mal olor desaparece por completo y la carne no se siente pegajosa ni viscosa al tacto, el pollo está en buen estado y se puede cocinar sin problema.
Por el contrario, si el olor persiste, huele claramente agrio, a amoníaco o a podrido, o si notas una textura babosa, significa que las bacterias proliferaron antes de congelarlo. En ese escenario, lo más prudente es no consumirlo y desecharlo.