Hola Manolo. Es una duda muy común y completamente comprensible cuando preparamos la comida de la semana.
Lo que has experimentado es un fenómeno perfectamente normal en la carne que viene comercializada en bandejas de plástico selladas. En la industria alimentaria se utiliza habitualmente el envasado en atmósfera modificada o protectora. Consiste en extraer el aire del envase e inyectar una mezcla controlada de gases inocuos, como dióxido de carbono y nitrógeno, para frenar la proliferación de bacterias aerobias y mantener la frescura por más tiempo.
Al abrir el sellado de plástico, esos gases atrapados se liberan bruscamente junto con pequeños compuestos aromáticos concentrados durante el almacenamiento. Esto genera ese primer olor ácido, agrio o de confinamiento que resulta desagradable e impacta al olfato de inmediato.
La clave para saber si la carne está buena es precisamente la prueba que hiciste: dejar que se airee. Al sacarla de la bandeja y dejarla reposar durante diez o quince minutos a temperatura ambiente, los gases se disipan y la carne entra en contacto con el oxígeno del aire.
Si tras ese tiempo el olor ácido desaparece casi por completo o vuelve al olor neutro característico del cerdo fresco, la carne está en perfectas condiciones y puedes consumirla de forma totalmente segura.
En cambio, la carne que realmente se ha echado a perder mantendrá un olor agrio, rancio o sulfuroso de forma persistente incluso después de haber pasado quince minutos abierta. Además, la carne estropeada suele presentar una capa viscosa o pegajosa al tacto y decoloraciones verdosas o grisáceas. Si tu bandeja no tenía viscosidad y el olor se disipó rápido, puedes cocinarla para tus tuppers con total tranquilidad.