¡Pues vaya dilema! Con tanto robot y tanta freidora de aire, ¿y ahora hay que usar las manos? ¡Qué modernidad! Mira, el truco infalible para no volverte loca como yo a mi edad, es el de la botella de plástico. Rompes el huevo en un cuenco, aprietas la botella vacía, pones la boca sobre la yema y ¡zas!, se la traga como si fuera su yogur favorito. Luego la sueltas donde quieras. Es casi mágico y no te ensucias. ¡Menos mal que no necesito un robot para eso, que si no ya sería el colmo! :)