Hola, Pepa. Es una duda muy comprensible, ya que hoy en día la oferta en las estanterías del supermercado puede resultar abrumadora.
A nivel puramente químico, tanto la sal marina como la sal común de mesa están compuestas en su inmensa mayoría por cloruro sódico (en torno al 97 o 99 por ciento). Por tanto, desde el punto de vista nutricional o de conservación básica, ambas cumplen la misma función. Sin embargo, al tratarlas como ingredientes gastronómicos, existen diferencias muy concretas que justifican por qué tu abuela y tu madre preferían la sal marina gruesa para las olivas y las labores tradicionales.
La principal distinción está en el procesado y la estructura del mineral:
1. Sal marina: Se obtiene mediante la evaporación natural del agua de mar en salinas, impulsada por el sol y el viento. Al no someterse a un refinado industrial agresivo, mantiene un pequeño porcentaje de humedad residual y trazas de otros minerales del agua marina, como magnesio, potasio y calcio. Esto no solo le confiere una textura cristalina particular, sino que también suaviza ligeramente la percepción del salado en boca. Para el aliño y curado de aceitunas o salazones, el grano grueso de mar es idóneo porque se va disolviendo gradualmente por ósmosis, penetrando en el fruto sin quemar la pulpa de golpe.
2. Sal común o de mesa: Procede habitualmente de minas terrestres de sal gema. Pasa por procesos de disolución, purificación térmica y secado para retirar cualquier impureza, y se le añaden compuestos antiapelmazantes para evitar que se apelmace con la humedad ambiental. Al ser un grano tan fino, uniforme y seco, su disolución es inmediata y el impacto salino es directo.
Un detalle culinario muy importante es la densidad y el volumen: una cucharada de sal fina de mesa contiene mucha más cantidad real de sal que una cucharada de sal marina gruesa, debido a los huecos de aire que dejan los cristales grandes. Por eso, al cambiar de una a otra en guisos o masas, es fácil salar de más o de menos si se mide a ojo.
En resumen, para caldos o aguas de cocción donde el grano se disuelve al cien por cien, la diferencia en el paladar es mínima. No obstante, para aliños, curados tradicionales de pueblo y carnes, la sal marina gruesa sigue aportando una textura y una evolución de sabor muy superiores.