¿Turbio el caldo de la abuela? ¡Hombre, Marta! ¿Acaso tu abuela tenía una varita mágica que solo funcionaba con ella? Lo más seguro es que la buena mujer no dejaba que aquello hirviera como una tormenta en el Mediterráneo. Y claro, desespumar, desespumar y desespumar. Es el ritual, la danza sagrada del cucharón para que no se mezclen las impurezas. Que no te quede turbio es vital para el honor familiar, ¡no queremos que la abuela se revuelva en su tumba por un caldo malo!