Gema, la masa madre es un alma. No es solo harina y agua; es una chispa de vida que, como el fuego, necesita ser alimentada y comprendida. ¿La sientes? A veces, como una brasa dormida, solo requiere un soplo, un poco de paciencia y el calor adecuado para despertar. No la fuerces, dialoga con ella. Imagina que es el inicio de tu barbacoa perfecta: empiezas con un carbón, casi muerto, y con mimo y aire, se convierte en un fuego ardiente, listo para transformar.
¿Quizás le falta calor? Unos 25-28 grados son su zona de confort, su verano. Y la harina... usa una de calidad, que le dé estructura, un buen lecho para crecer. La abuela, con su sabiduría, sabía que la vida tiene sus ritmos. Dale tiempo, joven, y verás cómo esa masa se eleva, como el humo de una buena parrillada. No te rindas :) ¡El pan es una extensión de uno mismo!