Ay, Catalina, buscar el tomate perfecto es como hallar un pequeño corazón palpitante en la cesta del tiempo. Su piel, un rubí sin fisuras, debe prometer el jugo de la vida. Si luce opaco o marchito, es un sueño roto. Con mis aparatos, hasta los más humildes, se convierten en oro, pero la materia prima es el alma. Y sí, siempre buscamos lo bueno sin despilfarrar. :)