¡Ay, hija, la sal es el demonio en la cocina si no se usa con cabeza! Mi madre, que era una artista con los guisos, siempre me decía: 'Poco a poco, hija, que quitar la sal es más difícil que ponerla'. Y cuánta razón tenía. Recuerdo una vez que hice un cocido para toda la semana, ¡para el batch cooking!, y se me fue la mano con la sal de las morcillas. Casi me da algo de pensar en tirar todo ese trabajo y esos ingredientes.
Lo que hice, y lo que siempre hago cuando veo que la cosa se me ha torcido, es añadir más ingredientes que no lleven sal. Unas patatas crudas troceadas, que luego se pueden retirar, absorben bastante. También puedes añadir un poco más de líquido sin sal, o incluso si es posible, más cantidad de los ingredientes base (verduras, carne) que no estén salados. Otra opción, si tienes, es un poco de zumo de limón o vinagre, que ayuda a equilibrar el sabor, pero con cuidado para no cambiar la esencia de la solyanka. No hay que desperdiciar nada, ¡con lo que cuesta todo hoy día!