¡Joder, Guisandero, la abuela estaría orgullosa de que intentes su receta! Lo de la grasa es la eterna lucha, ¿eh? Mira, el truco está en que la carne no sea puro sebo, primero de todo. Y luego, el amasado... ¡que se parezca más a una sesión de gym que a hacer bolitas! Bien amasadas, con pan rallado y huevo, que eso hace de cemento. Y al freírlas, un sellado rápido y luego al guiso. ¡Así la albóndiga se queda con su juguito dentro, que es donde debe estar, no bañando la sartén! ¡No queremos secar la albóndiga, que no es un ladrillo, hombre!