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Hola gente 👋! Quiero hacer borscht, pero no me queda rojo bibo como el que acia mi abuela con los guisos. Ella siempre decía que el secreto es el cariño. ¿Cómo se consigue ese color rojo brillante de berdad? Se ace algo especial? Gracias! 🙏
por en Recetas y preparación

8 Respuestas

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Hola ElGuisanderoJoven, me recuerdas a mi abuela ella siempre decía que la paciencia es la clave. Para ese rojo intenso del borscht como el que se hacía en el pueblo tienes que cocer la remolacha aparte. No la pongas con todo desde el principio porque el color se va. Mi abuela siempre la cocía un poco y luego la rallaba. Cuando la añadía al guiso le ponía un poco de vinagre de manzana o zumo de limón para que no perdiera la fuerza del color. Así la remolacha mantiene su viveza y el plato se ve precioso. Ella decía que el color también alimentaba. Es la forma tradicional de hacerlo la que funciona.
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Hola, ElGuisanderoJoven. Es una excelente pregunta, y tu abuela tenía mucha razón con lo del 'cariño', porque en la cocina tradicional, el cuidado en cada paso es lo que marca la diferencia. Para conseguir ese rojo tan vivo en el borscht, hay varios secretos que van más allá del mero acto de cocer la remolacha. Se trata de cómo manejamos los pigmentos naturales de este vegetal, las betalaínas, que son sensibles al calor y al pH. Aquí te dejo los puntos clave para lograr ese color tan espectacular:
  1. Calidad de la remolacha: Empieza con remolachas frescas, de buen color y firmes. Una buena materia prima es fundamental.
  2. La acidez es tu aliada: Este es el truco más importante. Las betalaínas de la remolacha mantienen su color vibrante en un ambiente ligeramente ácido. Si las cueces en agua neutra, el color se diluirá y se volverá más pardo.
  3. Prepara la remolacha: No la cuezas toda al principio con el resto de ingredientes. Lo ideal es cocerla por separado, pero mejor aún es rallar una parte y saltearla ligeramente en un sofrito con un poco de aceite. Cuando ya esté casi tierna, añade una cucharada de vinagre (blanco, de manzana) o zumo de limón. Esto fija el color de maravilla. Otra opción es añadir un poco de remolacha rallada cruda al final de la cocción, justo antes de servir, para potenciar el color fresco.
  4. No la cuezas en exceso: Si la remolacha se cocina demasiado tiempo o a una temperatura muy alta en un medio no ácido, los pigmentos pueden degradarse.
Combinando estos puntos, verás cómo tu borscht adquiere un rojo intenso y apetitoso. Es una cuestión de técnica y de entender cómo reaccionan los ingredientes. Si te interesa profundizar en las técnicas y en una receta auténtica de borscht, te recomiendo echar un vistazo a este artículo, que explica muy bien la importancia de estos pasos: Borsch de Cuaresma con frijoles y champiñones: sopa de remolacha ucraniana. Te deseo mucho éxito con tu borscht. ¡Un saludo!
por chef (20,1 mil puntos)
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Pues mira, ElGuisanderoJoven, el 'cariño' de tu abuela era que no usaba mierdas procesadas, ¿sabes? Hoy en día todo el mundo quiere atajos y al final te sale un borscht con un color a nada, tristísimo. Si quieres ese rojo de verdad, ese que alimenta el alma y el cuerpo (¡y sin azúcares añadidos ni colorantes!), empieza por la base. :)

Primero, la remolacha tiene que ser BUENA. Si no la cultivas tú mismo en tu huerto, que sea de un agricultor de confianza, orgánica, de esas que manchan las manos. Nada de remolacha precocida y envasada, por favor, ¡eso es un crimen contra la cocina! :(

El truco, o mejor dicho, la sabiduría, está en el ácido. Cuando estés haciendo tu sofrito con la remolacha rallada (¡rallada, no triturada hasta el infinito!), un buen chorro de vinagre de sidra natural de aquí de Galicia o zumo de limón recién exprimido. Esto 'fija' el color como debe ser, lo protege del calor. Es ciencia, pero también es sentido común de antes.

Y luego, no te pases cociendo. La remolacha es delicada. Si la cueces hasta que se deshaga, se te va el color y los nutrientes. Un poco al dente, que mantenga su dignidad. Así te saldrá ese rojo auténtico, el que no necesita filtros de Instagram. De nada.
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Para el color rojo del borscht, usa remolacha fresca, no cocida de bote. Lo esencial es la acidez. Al cocer la remolacha, o mejor, al saltearla un poco antes de añadirla al guiso, ponle un chorrito de vinagre o zumo de limón. Fija el color y no se te pondrá parda. No la cuezas en exceso, que pierde viveza.

Yo lo hago así para los tuppers del batch cooking y aguanta la semana sin problemas. Y que no se te olvide, la buena remolacha, que es barata.
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A ver ElGuisanderoJoven la gente joven de hoy... queréis todo rápido y sin saber cómo se hacen las cosas de verdad ¿eh?? Tu abuela sabía lo que hacía. El secreto del borscht no es un misterio ¡es cocinar bien y con cabeza!

Para ese rojo brillante el de verdad tienes que hacer esto:
1. Remolacha fresca de las de la tierra no de esas que vienen envasadas que parecen de plástico!!!
2. Cuando la rallles o la piques para el sofrito ¡¡¡un chorro de vinagre o limón!!! ¿Entendido?? Eso es clave si no se te va el color al garete. Es como un anclaje para que el pigmento no se escape con el calor. Es ciencia basica de la cocina de antes.
3. NO cocerla hasta que parezca puré... es una sopa no papilla. Hay que darle su punto si te pasas se oxida y se pone fea, marrón... ¡una pena de plato!

Así con esas bases de la abuela te saldrá un borscht que te quita el sombrero. ¡Y déjate de experimentos raros que lo bueno ya está inventado!
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Ah, ElGuisanderoJoven, tu abuela lo sabía bien. El secreto del borscht rojo, ese elixir que parece sangre de la tierra misma, no es solo un truco de cocina, sino una profunda comunión con la materia.

Cuando la remolacha, esa joya subterránea que con tanto amor cultivamos en nuestro huerto, se entrega al fuego, su esencia vital, el betabel, lucha por no desvanecerse. Es como un alma que resiste la disolución. ¿Cómo ayudarla? Con un toque de acidez, sí. Unas gotas de vinagre de sidra, ese néctar fermentado de manzanas bañadas por el sol asturiano, o el ácido punzante del limón, son como un ancla para ese espíritu rojo. Fijan la vida, el color, la memoria.

La clave está en no ultrajarla con un hervor violento y prolongado. Hay que mimarla, dejar que suelte su pigmento lentamente, pero protegiéndolo de la desidia del calor excesivo. Un sofrito breve, una infusión controlada, y quizás, al final, una última porción de remolacha rallada, cruda, como un corazón latiendo en el cuenco. Así, el borscht no solo será rojo; será un poema líquido, un tributo a la paciencia y al ciclo vital de la tierra. Es la tradición, amigo, la sabia alquimia de los fogones ancestrales.
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¡Qué pasa, tío! Lo del borscht rojo vivo es un clásico. Ni de coña es solo cariño, aunque ayuda, claro. El truco brutal es la acidez, colega. Cuando saltees la remolacha rallada, échale un buen chorrazo de vinagre (el blanco de vino va de puta madre) o zumo de limón. Eso fija el color que flipas. Y otra cosa, no la cuezas mil horas, que si no se apaga. Un buen toque de cocción pero sin pasarse. Así, te sale un color que es una hostia, ¡de lo bueno que está! Y si quieres unas proteínas extra, métela al gym contigo, ¡jajaja! A darle caña, máquina. :)
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¡Hola ElGuisanderoJoven! ¡Tu abuela tenía RAZÓN! El secreto es el vinagre o zumo de limón, ¡HACE MAGIA! Y NO cocer la remolacha demasiado. ¡ASÍ SÍ sale rojo VIVO!!! Pruébalo y verás, ¡ES BRUTAL!
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