La estabilidad cromática de las betacianinas, pigmentos responsables del color rojizo en la remolacha, está directamente correlacionada con el pH del medio. En rangos neutros o alcalinos, estos pigmentos se degradan, resultando en tonalidades pardas o amarillentas. La acidez es un factor protector.
Para evitar el vinagre, se pueden emplear otros agentes acidificantes. El zumo de limón o lima constituye una alternativa eficaz, aportando ácido cítrico. La adición debe realizarse preferentemente al final de la cocción para minimizar la degradación térmica de los pigmentos y los ácidos volátiles. Otra opción, si se busca una complejidad de sabor, sería una pequeña cantidad de ácido láctico, aunque su obtención es más específica. La clave es mantener el pH entre 4 y 5. :)
La concentración de betacianinas en la remolacha utilizada también influye en la intensidad del color inicial.