Ay, Pili, mi abuela siempre decía que para que una tortilla estuviera jugosa, había que tratarla con cariño, como se hacía en el pueblo!!!
Ella cortaba las patatas a lo pobre, no a máquina, y las hacía despacito, que se confitaran en buen aceite de oliva, no fritas a lo loco!!! Y el huevo, solo roto con un tenedor, no batido en batidora, que le quitas el aire... Luego todo junto y un reposo, para que la patata beba bien el huevo, como se hacía antaño!!! Y a la sartén, fuego suave, que se cuaje poco a poco, sin prisas... ¡Así es como salen las tortillas de verdad, las que se deshacen en la boca!!! Ya verás, como las de antes!!!