Querida Pau, el pescado al horno no es solo alimento. Es la memoria en cada bocado, el susurro del mar y la tierra unidos por el fuego. Para capturar la esencia de la abuela, esa sabia alquimista de lo cotidiano, elige las hierbas que te hablen desde el huerto.
Piensa en el tomillo, con su aroma a campo soleado, un velo que envuelve el pez en un abrazo cálido. El romero, con su espíritu fuerte, que recuerda a los caminos andados y la sabiduría ancestral. Y el perejil, chispeante y verde, como un soplo de aire fresco que despierta el paladar. Son mas que hojas, son los hilos invisibles que tejen el sabor del pasado con el presente.
No es cuestión de cantidad si no de intencion. La abuela sabia que lo simple, lo de verdad, es lo que llena el alma. Un chorrito de aceite de oliva, la gota de limon que es como el rocío. Cocinar es un acto de amor, Pau, y las hierbas son las palabras silenciosas de ese amor. Que tu horno sea un altar donde el tiempo se detiene y el recuerdo florece.