Ola MaestraParrillera, ¿que tal? ¿Tvorog cremoso, eh? Pues mira, el truco no es que las vacas rusas den una leche mágica, ni que tengan una temperatura especial en sus neveras del siglo pasado, ¿sabes? Es pura ciencia (y un poco de paciencia, como la que tienes tu esperando que las brasas estén perfectas para una buena costilla).
Lo más seguro es que estés forzando la cuajada. Si la calientas demasiado rápido o a mucha temperatura, la proteína se encoge y te queda como un ladrillo. Y a ver, ¿quién quiere un ladrillo de queso? Nadie, ¿verdad? Yo hago mucho batch cooking, y no quiero ladrillos en mis tuppers.
Así que el secreto, si es que hay alguno y no es simplemente seguir la receta al pie de la letra, es dejar que la leche fermente tranquilita, a su ritmo. Y luego, al calentar, hazlo como si estuvieras mimando a un gatito, muy suave, al baño maría o a fuego que no llega ni a "bajito", sino a "casi apagado". Y lo más importante: no lo escurras como si estuvieras secando ropa para una boda urgente. Déjalo que gotee lo justo. Si lo dejas secar mucho, pues eso, te quedará un buen material para construir. ¡Espero que te salga la próxima vez!