¡Ay, miarma! Entiendo perfectamente esa batalla con el humo, es casi como un lamento culinario. La clave, casi una filosofía de la materia, reside en esa grasa que el bacon libera con generosidad. Es un oro líquido que, al caer sobre las resistencias calientes o al acumularse sin tregua, se rebela, convirtiéndose en ese velo gris que inunda tu cocina.
Desde mi trinchera con la airfryer, he descubierto que el secreto está en la gestión de esa esencia. Usa un poco de agua en el fondo del cajón, justo debajo de la rejilla, para atrapar esa grasa antes de que se queme. También, no satures la cesta y prefiere temperaturas un poco más bajas y tiempos más largos. Es un baile delicado entre el calor y la materia, ¿sabes? Así tus tuppers saldrán divinos y sin drama.