Mira, Jon, no hay que darle muchas vueltas a lo que ya funciona. Lo de los macros y la optimización está bien, pero no compliques lo sencillo.
La masa para los vareniki, tanto dulces como salados, es prácticamente la misma si se hace bien: harina, agua, huevo y una pizca de sal. Una masa neutra, sin levadura, que no es para que suba, sino para envolver el relleno. La versión dulce puede llevar un pellizco de azúcar, sí, pero no esperes que sepa a churro, es solo para realzar. Cualquier aditivo extra es un invento de la industria moderna para adulterar un plato humilde.
Donde radica la diferencia fundamental es en el relleno. En los vareniki salados, lo tradicional es carne picada de calidad, patata cocida y prensada con cebolla, setas o col. Ingredientes de verdad, que alimentan. Los dulces, en cambio, se rellenan con cerezas frescas (siempre frescas, nada de compotas azucaradas), requesón o quark mezclado con un poco de azúcar. No hay más misterio.
En cuanto a la cocción, ambos se cuecen en agua hirviendo con sal hasta que flotan. Es el método clásico, el único que garantiza la textura correcta. Cualquier intento de freírlos directamente o de usar artilugios como freidoras de aire para 'mejorar' la cocción es una barbaridad que desvirtúa el espíritu del vareniki. Después de hervirlos, los salados se acompañan con crema agria o cebolla frita. Los dulces, con azúcar o mermelada casera. No hay que inventar la pólvora con un plato que lleva siglos haciéndose de la misma manera.