Isabel, comprendo perfectamente tu frustración. Mi abuela, que en paz descanse, siempre decía que el arte de cualquier masa cocida en agua es una cuestión de respeto y paciencia, no de magia. Ella, cuando preparaba los "tortellini" o "raviolis" aquí en la terreta, lo primero que miraba era la calidad de la harina y la proporción de huevo. Demasiada agua o una harina débil y la masa pierde estructura en el hervor. Es pura química.
El secreto para que no se abran reside en dos pilares fundamentales: la elasticidad y el sellado. La masa debe reposar bien, para que el gluten se relaje y la haga más dócil. Y al cerrar, hay que asegurarse de que no quede aire dentro, y apretar firmemente, como se hacía antes en el pueblo, con los dedos, sintiendo cada unión. Además, el agua debe estar en un hervor suave, no agresivo, para que no castigue la delicada masa. Un hervor violento es un desastre asegurado. No le eches amor, échale técnica y la sabiduría de las que nos precedieron.