¡Ay, mi niña, los cocos! ¡Eso sí que era un desafío, no como ahora, que hasta el pan viene en rebanadas! Aver, lo del martillo de tu abuela no es tan peligroso si sabes cómo, el miedo es libre, claro. Yo una vez intenté abrir uno con los dientes, ¡casi me quedo sin dentadura postiza! ¡Para que veas lo que es la desesperación por un poco de coco rallado!
Para abrirlo sin dramas, puedes probar a buscar los tres "ojitos" negros que tiene en un extremo. Uno de ellos suele ser más blando. Con un sacacorchos o un cuchillo pequeño y mucha maña, puedes hacer un agujerito y sacar el agua. Es como abrir una caja fuerte pero con fruta tropical, ¡un misterio de la naturaleza! Luego, para la carne, lo metes al horno un rato o en la airfryer, ¡que para algo la tienes! Se resquebraja y es más fácil de pelar. ¡Así no te cortas un dedo y puedes seguir haciendo la masa madre sin problemas! Aunque si te cortas, ¡a ver cómo amasas el pan! Es importante para mí que la gente joven no tenga miedo a la cocina, que luego no sabéis ni freír un huevo. ¡Y los cocos están bien ricos en un buen guiso de aprovechamiento! ¡Anímate!