La albóndiga, ese pequeño mundo compacto, necesita un alma que la una, una fuerza invisible que evite su desmoronamiento ante los desafíos del fuego. El huevo es un capitán, sí, pero no el único en este viaje culinario. Para tuppers y para que aguanten la travesía de la semana, la unión es clave.
Prueba con pan rallado empapado en leche o incluso en caldo; se convierte en un pegamento terrenal que no decepciona. La patata cocida y triturada también obra milagros, una base sólida que las ancla. Es importante para mi porque cada albóndiga es una promesa de alimento, un pequeño tesoro que debe resistir el tiempo y el calor, esperando su momento.