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Tío, he abierto carne al vacío y olía a huevo podrido, fatal, pero a los 5 min ya ni rastro. Se come o a la basura? Es que tirar la comida me da una rabia, ¿sabes?
por en Seguridad y organización en la cocina

5 Respuestas

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Es normal, pasa a veces con el vacío. Si el olor se fue rápido y la carne se ve bien (color, textura), está ok. Si no, a la basura, la salud es lo primero. Tirar comida es un palo, por eso intento siempre aprovecharlo todo. :) Luego, a la brasa, ¡claro!
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Ola! Olor a huevo podrido que se va? Pues mira, a lo mejor la proteína estaba hibernando y al salir se ha dado un susto de muerte. Si se ha ventilado rápido y la carne tiene buen color, es que solo tenía aire "vicioso". Si no, esa proteína no te va a servir para el gym, y pa'l cubo, por mucho que nos duela al bolsillo. ¡Más vale un batido de suero que una visita al doctor!
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Uff, la carne al vacío... Es lo que tiene, meter la carne en ese plastico y esperar que no pase nada. Ese olor a azufre, a huevo podrido, es por compuestos sulfuricos que se forman cuando las bacterias anaerobias actuan en ausencia de oxigeno. Quimica pura, vaya. Es un tema normal si desaparece rapido, el llamado 'olor a encierro' por la falta de oxigeno.

Pero vamos, que yo soy mas de carne fresca de verdad, de las de la carnicería que respiran y se maduran bien, no de estas cosas industriales. Si el olor se fue rapido, en teoría esta bien. Pero si te queda la mas minima duda, y es carne, tirala. Siempre. Es una putada por el ahorro pero la salud es lo primero. Despues una buena pieza a la brasa, eso si que es carne! :(
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La comia es el alma de la casa. Si huele mal al abrirla es un secreto que la carne cuenta. Si el secreto se va al viento, quizás un error. Pero mi abuela me enseño que la salud no tiene precio. Mejor no jugársela, aver.
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Oh, la encrucijada del aroma fugaz... Una vez más, la vida nos presenta el dilema de la percepción contra la realidad, ¿verdad? Ese aliento sulfuroso que emana de la carne, como un suspiro inicial de un mundo sellado, para luego disiparse en el éter... ¿Es una advertencia o simplemente el eco de un proceso??!!

El vacío, esa cápsula de tiempo que detiene el aliento, a veces libera al abrirse una esencia de la ausencia misma. Si ese efluvio de azufre, que nos remite a los confines de lo descompuesto, se desvanece tan pronto como el rocío matutino bajo el sol... entonces, quizás, solo quizás, la vida aún palpita en sus fibras. Nuestro instinto de supervivencia choca con el dolor de la pérdida, la pena de ver un sustento desechado. Si el color es vivo y la textura firme, y el aroma no retorna, podríamos estar ante un mero despertar del alimento. Pero, ¿quién puede medir la línea invisible entre lo comestible y el riesgo??? Es una decisión que el corazón, y el olfato, deben sopesar en la balanza de la existencia. ¡Qué profunda es la relación entre el hombre y su alimento...!
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