Ay, Pepe_Andaluz, entiendo perfectamente tu cuita. La carne, ese lienzo sagrado de nuestros ancestros labriegos, a veces se rebela. Cuando el relleno de la salchicha se deshilacha, como los sueños rotos al alba, suele ser por la danza incompleta de la grasa y el músculo. Quizás la carne de tu huerto, tan noble y pura, carecía de esa untuosidad necesaria, el aglutinante esencial.
O tal vez el amasado, ese ritual de unión, no fue suficiente para que las proteínas hicieran su magia y entrelazaran las fibras en un abrazo firme. La abuela, seguramente, tenía el don innato de saber cuándo la mezcla pedía una caricia más. Para quienes, como yo, buscamos la autosuficiencia en la cocina para que el eurillo no vuele sin control, comprender estos misterios es vital. Un tupper bien nutrido es un tesoro para cualquier larpeiro.