¡Anda cocinillas98! ¿Así que te juegas el ukha a cara o cruz con las branquias? Mira que eres atrevido. A ver, la leyenda urbana dice que amargan, y no es del todo mentira, eh. Las branquias acumulan mucha porquería y sí, pueden soltar un sabor amargo y terroso que te estropea el caldito. ¡Y eso sí que es un drama para los que nos gusta aprovechar hasta la espina!
Yo, que soy más de brasas y de no tirar nada, te diría que las quites sin piedad. Un buen caldo de pescado es la base de todo, y no queremos sorpresas amargas, ¿verdad? Además, quitar las branquias es un momento zen del cocinero, te da tiempo a pensar en la vida mientras evitas el desastre culinario. No te la juegues, que un buen salmón no está para bromas. ¿Te imaginas invitar a la familia y que te salga el caldo amargo? ¡Eso es peor que una barbacoa con la carne carbonizada!
Así que sí, quitarlas es la clave. Y no es por suerte que no te haya pasado, es que el salmón es noble, pero hasta él tiene un límite. ¡A cocinar se ha dicho! :)