¡Hostias, Carmen! ¡El "reposo" de las lentejas, ese momento zen donde todo debería ir sobre ruedas y zasca! Entiendo tu dolor, porque un buen guiso, como una buena masa de pan, requiere su tiempo y dedicación. Y si se va al traste por un despiste... te da un patatús.
Lo primero es que tires la olla quemada, si es que se ha pegado mucho, y no me refiero a la olla de la comida, sino a la que te ha liado el desaguisado. Ahora en serio, coge otra olla limpia y con mucho, muchísimo cuidado, saca las lentejas que no se hayan pegado al fondo. Esa parte churruscada es el pecado capital. Ni se te ocurra rascar. Y para el regusto, que es lo que nos preocupa, aquí va la solución de abuela (no de panadero, pero vale): mete una patata cruda, pelada y a ser posible grandecita, dentro de las lentejas. La dejas ahí un buen rato, unos 15-20 minutos a fuego suave, y la retiras antes de comer. Esa patata se comerá el sabor a quemado, como la masa madre se come las impurezas de la harina. A veces incluso con un chorrito de leche si el sabor es muy fuerte. Es importante porque no hay nada peor que el esfuerzo culinario que se va al garete por un descuido, ¿verdad, chaval? ¡Ánimo!