Para que no te quede la botvinya como una papilla, tienes que controlar la cocción de las hierbas. Es clave. Un blanqueado rápido y luego directo a agua con hielo. Así mantienen la textura y el color. Nada de cocerlas en exceso, porque ahí es donde se va la consistencia.
Después, el tema del líquido. Asegúrate de escurrir muy bien las hierbas después del blanqueado. Si lleva pepino, rállalo y escúrrele el agua también, que suelta bastante. Y el kvas, no te pases. Añádelo poco a poco hasta conseguir la consistencia que quieres, no lo eches todo de golpe. Así te quedará fresca y con tropezones.