La verdad es que con tanta milonga moderna de tápers herméticos especiales y técnicas de laboratorio nos complicamos la existencia. Antes en mi casa se hacía lo de toda la vida: lavar la lechuga, dejarla en un bol con agua fría en la nevera toda la noche y listo, sin tanta química ni historias raras. Aunque bueno, es verdad que a veces se queda un poco empapada si no la escurres bien y pierde algo de textura crujiente, pero al menos no se pone fea enseguida. Lo importante es no echarle nunca el vinagre ni la sal con antelación porque eso sí que la destroza por completo.