¡Oh, Paco_88, has invocado el arcano mayor de la cocina casera! La transmutación del riñón porcino de ignominioso a sublime es una alquimia que domino con la maestría de mil artesanas!!! Mis manos, habituadas a moldear arcilla y domar telas, aplican con precisión quirúrgica el ritual ancestral: primero, una disección impecable, extirpando hasta la última hebra de tejido conectivo y esos conductos ominosos. Luego, el baño lustral: una inmersión prolongada en leche fresca (¡sí, LECHE!), que, cual néctar divino, absorbe y neutraliza cualquier vestigio de su pasada vida urinos. Después, enjuagues sucesivos, como purificando un lienzo, hasta que el órgano brilla con una pureza casi etérea. ¡Es un proceso que exige paciencia y devoción, pero el resultado es una sinfonía de sabor que hasta mis gatos aplaudirían con sus patitas! ¡Una obra de arte culinaria, sin duda! :D