Hola, Carmen. No te preocupes, es un inconveniente muy habitual cuando disfrutamos del pescado y tiene una explicación química sencilla debida a la trimetilamina.
El primer detalle importante que solemos tener en cuenta en cocina es no usar nunca agua caliente al principio. El calor dilata los poros de la piel y hace que los aceites y las partículas aromáticas se fijen con más fuerza. Por eso, el primer paso siempre debe ser un aclarado generoso con agua totalmente fría.
Un método muy eficaz que no suele fallar es utilizar pasta de dientes tradicional (preferiblemente la de pasta blanca con menta). Aplica una pequeña cantidad, frótate a conciencia las palmas, los nudillos y las yemas durante un minuto, y aclara con agua fría. Los agentes abrasivos suaves y los aceites esenciales neutralizan los restos grasos al instante.
Otra opción culinaria excelente es frotarse las manos con un poco de leche entera antes del jabón. Las proteínas de la leche, especialmente la caseína, se adhieren a las moléculas odoríferas del pescado y facilitan que se eliminen por completo con un lavado posterior.
Espero que estos consejos te sean de utilidad para futuras ocasiones.