A ver, para unos mejillones con fundamento no hay que darle muchas vueltas. Es como un buen partido, hay que ir a por el resultado desde el minuto uno. Lo primero, limpiar los mejillones a conciencia, sin dejar ni un resto de arena, que eso es como un penalti tonto. Luego, un buen sofrito de ajo picadito, sin que se dore mucho, en un buen aceite de oliva. Algunos le meten cebolla, pero para mí, si quieres rapidez, es un regate de mas.
El vino blanco, la clave del exito. Aquí no hay dudas: un Verdejo fresquito o un Albariño, secos, sin experimentos. Es el pase de gol que necesitas. Echa los mejillones limpios al sofrito, un chorrazo generoso del vino y tápalos bien. Fuego fuerte, como si fuera la final de la Champions.
El truco, y aquí es donde se ve quien sabe jugar: en cuanto empiecen a abrirse, retira del fuego. No hay que cocerlos hasta el aburrimiento, que se quedan secos y eso es como perder un set a cero. Que no se pasen de coccion, es su punto exacto. El vapor los termina de hacer. Para el final, perejil fresco picado, le da el toque final. Esto es una jugada maestra, te lo digo yo. Quedan de diez, una clavada en toda regla.