Hola, Nuria. Es un problema bastante común, pero con un par de ajustes en la técnica verás que te quedarán perfectos: con la piel bien crujiente y la carne tierna y jugosa.
El secreto principal para que la piel no quede gomosa es eliminar por completo la humedad. El agua hierve y crea vapor, lo que ablanda la piel en lugar de tostarla. Antes de cocinarlos, seca cada contramuslo a conciencia con papel de cocina absorbente. Si tienes algo de tiempo, un truco excelente es salarlos y dejarlos descubiertos en la nevera durante un par de horas sobre un plato. El frío seco del frigorífico deshidratará la superficie de la piel de forma ideal.
Para el horneado, precalienta el horno a temperatura alta, entre 200 y 210 grados con calor arriba y abajo. Te recomiendo colocar los contramuslos con la piel hacia arriba sobre una rejilla, poniendo una bandeja debajo. De esta forma, el aire caliente circula por debajo y la grasa gotea, evitando que la pieza se cocine flotando en sus propios jugos.
Pinta la piel con una capa muy fina de aceite de oliva y añade las especias que más te gusten, evitando añadir líquidos o salsas en la superficie. En unos 35 a 45 minutos estarán listos. Al ser contramuslos, la carne tiene suficiente grasa intramuscular para no resecarse con el calor fuerte. Espero que te sirva para tus preparaciones de la semana.