Hola, Lucía. Es un problema muy habitual y tiene una explicación culinaria bastante sencilla: el exceso de almidón en la superficie del grano y la manipulación durante la cocción son los principales causantes de que se forme esa textura pastosa.
Para el día a día, cuando no hay tiempo de sobra y buscas un resultado garantizado, existen dos métodos muy prácticos que puedes aplicar.
El primer método, y el más infalible para no complicarse con las medidas, es cocerlo como si fuera pasta. Pon abundante agua a hervir en una cazuela grande con un poco de sal. Cuando rompa a hervir con fuerza, añade el arroz y déjalo cocer a fuego medio-alto durante el tiempo que indique el paquete, que suele ser entre 12 y 14 minutos. No tapes la olla ni te preocupes por el agua sobrante. Al terminar, simplemente vuelca todo sobre un colador para escurrirlo bien y remueve los granos con un tenedor para que salga el vapor atrapado. Al haber cocido en abundante agua, el almidón queda diluido y el grano se mantiene completamente suelto.
El segundo método es el tradicional por absorción, pero cuidando tres detalles fundamentales. El primero es enjuagar el arroz crudo bajo el grifo con un colador hasta que el agua salga clara, eliminando así el almidón suelto. El segundo es medir estrictamente el agua: dos partes de agua por una de arroz. El tercero, y más importante, es no remover el arroz en ningún momento una vez que empiece a hervir, bajar el fuego al mínimo y tapar la cazuela. Al apagarse, déjalo reposar cinco minutos con la tapa puesta antes de servir.
Cualquiera de las dos formas te dará un resultado limpio y suelto sin exigirte más tiempo en la cocina.