Hola, Mateo. Es totalmente normal que al principio cueste cogerle el punto a los huevos fritos, ya que intervienen tanto el control de la temperatura como la cantidad de grasa empleada.
El problema que describes suele deberse a dos factores combinados: usar una cantidad insuficiente de aceite y tener el fuego demasiado alto. Cuando hay muy poco aceite, el huevo entra en contacto directo y seco con la superficie caliente, lo que provoca que la base se dore y se queme mucho antes de que el calor penetre y cuaje la clara superior.
Para solucionarlo de forma sencilla, te recomiendo seguir estos pasos:
En primer lugar, asegúrate de que la sartén antiadherente esté en buen estado y añade una cantidad moderada de aceite de oliva, suficiente para cubrir holgadamente todo el fondo con una fina capa. No es necesario sumergir el huevo por completo, pero sí debe haber suficiente grasa para que flote ligeramente y no toque el fondo en seco.
En segundo lugar, calienta el aceite a fuego medio. Un buen truco para saber si está listo sin que llegue a humear es acercar la mano con cuidado o dejar caer una mínima gota de clara; si burbujea suavemente de inmediato, la temperatura es la adecuada.
En tercer lugar, casca el huevo primero en una taza o cuenco pequeño. Esto te permitirá deslizarlo con suavidad y muy cerca del aceite, evitando salpicaduras y reduciendo el riesgo de romper la yema.
Por último, una vez que el huevo esté en la sartén, mantén el fuego a potencia media o media-baja. Con una cuchara o espumadera, puedes inclinar con cuidado la sartén y bañar la parte superior de la clara con el aceite caliente para que termine de cuajarse uniformemente sin necesidad de voltearlo ni de quemar la base. Si prefieres no manipular el aceite caliente, otra alternativa muy práctica es tapar la sartén durante uno o dos minutos a fuego bajo para que el vapor retenido cocine la clara por completo.
Siguiendo estos pasos verás cómo la yema queda intacta, la clara bien cocinada y la base tierna y sin quemarse. Mucho ánimo con la práctica.