Buenas tardes, Paco. Es una excelente idea aprovechar el pollo asado para una sopa, pero conviene aclarar un detalle importante sobre la receta original para que obtengas el mejor resultado posible.
La sopa tradicional de la península de Yucatán no se elabora con la lima verde común ni con limón amarillo, sino con lima agria yucateca. Esta fruta tiene un perfil de sabor muy particular: es floral, ligeramente amarga en sus aceites esenciales y notablemente menos ácida que los limones comerciales.
Si vas a utilizar limón amarillo, la respuesta corta es que sí se puede adaptar, pero debes tener cuidado con la acidez para no desbalancear el caldo. El limón amarillo aporta una acidez bastante más directa y punzante. Para lograr un sabor más cercano y equilibrado, te recomiendo seguir estas pautas:
1. Reduce la cantidad de zumo: si la receta pide el zumo de dos limas, comienza agregando únicamente la mitad del zumo de un limón amarillo. Siempre es preferible rectificar al final que pasarse.
2. Aprovecha la ralladura: gran parte del carácter de este platillo proviene de los aceites de la piel. Ralla ligeramente la cáscara amarilla sin llegar a la parte blanca y agrégala al sofrito de cebolla, ajo, tomate y pimiento. Esto aportará ese aroma cítrico y perfumado sin sumar acidez.
3. Añade el zumo al final: incorpora el jugo de limón justo antes de apagar el fuego o directamente en el plato al servir para mantener la frescura sin agriar el caldo durante la cocción.
4. Truco opcional: si tienes a mano una naranja dulce, mezclar tres partes de zumo de naranja con una parte de zumo de limón amarillo imita de manera muy convincente el equilibrio agridulce de la lima yucateca.
Siguiendo estos pasos, tu sopa de pollo quedará muy rica, aromática y con el punto justo de frescor.