Hola, Montse. Es una excelente pregunta y la verdad es que existen varias alternativas tradicionales y muy saludables para conseguir una textura cremosa sin necesidad de usar nata ni productos ultraprocesados.
La técnica más natural consiste en utilizar una base de verduras trituradas rica en fibra o almidón. Puedes cocer dentro de la misma salsa una patata pequeña, media zanahoria o un trozo de calabaza junto con bastante cebolla bien pochada. Cuando las verduras estén tiernas, separa una parte con un poco de caldo, tritúralas con la batidora hasta formar un puré suave y reincorpóralo a la cazuela. El almidón de la patata o la densidad de la calabaza aportarán el cuerpo que buscas sin sumar apenas grasa.
Otra opción muy tradicional y rápida es usar legumbres. Si tienes garbanzos cocidos a mano, basta con triturar un par de cucharadas en la salsa. También puedes utilizar una cucharadita de harina de garbanzo disuelta previamente en dos dedos de agua fría, agregándola al guiso y dejándola cocer a fuego suave durante unos cinco minutos para que espese de forma uniforme y sin sabor a crudo.
Por último, si consumes lácteos ligeros, unas cucharadas de yogur natural batido añadidas fuera del fuego al final de la preparación le darán mucha untuosidad sin grasas pesadas. Te aconsejo además cocinar los últimos diez minutos con la cazuela destapada para que la salsa reduzca de manera natural. Espero que te sirva de ayuda y disfrutes de tu cena.